miércoles, 20 de enero de 2010

Google.cn

Diego Beas
ruta66@diegobeas.com
RUTA 66
Reforma

Así, una disputa entre una compañía americana y Beijing, súbitamente escala en una disputa entre EU y China

La última disputa entre Estados Unidos y China, la potencia emergente más importante del planeta, ha venido en una inesperada forma: servidores, cuentas de correo electrónico vulneradas, activistas de derechos humanos y, detrás de todo, el gigante de las búsquedas en Internet, Google.

Sucedió la semana pasada cuando el buscador del logotipo multicolor denunció ataques masivos a sus servidores que provenían de esfuerzos coordinados en China. ¿El blanco? Cuentas de Gmail de activistas de derechos humanos chinos que no están en los mejores términos con el régimen.

China, el país con más usurarios de Internet en el mundo -alrededor de 300 millones, casi la totalidad de la población de Estados Unidos-, es famosa por sus esfuerzos desmedidos por controlar la red y bloquear acceso a material que considera una afrenta o que pone en riesgo la seguridad del país.

De medios informativos Occidentales a páginas de pornografía a sitios como amazon.com, youtube.com o imdb.com; todos están bloqueados. Las búsquedas que incluyen términos como movimiento estudiantil, Falun Gong, 1989, democracia o despotismo, no arrojan resultados. Beijing es conocido por desarrollar algunos de los filtros de la web más estrictos y sofisticados.

En 2006, después de varios años de demorar su entrada y negociar términos rigurosos con el régimen, Google abrió oficinas en China con el objetivo de beneficiarse de uno de los mercados más lucrativos del planeta. La compañía fue duramente criticada por ceder a las exigencias de Beijing y aceptar condiciones que contradicen la misión del buscador.

Entre varios otros, Google está obligado a informar de todas sus actividades al Ministerio de Industria e Información, al de Cultura, a la Oficina de Publicaciones y a la Oficina de Cine y Emisión. Al día de hoy, emplea a más de 700 informáticos en el país asiático y tiene ganancias superiores a los 300 millones de dólares.

Su principal competencia es un buscador chino -Baidu, que controla aproximadamente el 60 por ciento del mercado- que desde que se fundó al comienzo de la década se conoce por su cercana colaboración con el régimen y sus resultados censurados. Google aceptó las condiciones de Beijing al tiempo que declaraba públicamente que buscaría cambiarlas desde adentro. Eso fue 2006.

En 2010, los ataques a sus servidores y cuentas de correo parecen haber colmado la paciencia del buscador; la semana pasada amenazaba diciendo que si estas condiciones no cambian, Google dejará China; suspenderá el servicio de google.cn e, incluso, cerrará sus oficinas.

El incidente es un potente recordatorio de la velocidad con la que Internet y su regulación se están convirtiendo en un asunto estratégico para los Estados y por qué la red pronto será el origen de conflictos internacionales entre países.

"Tensiones entre Google y China complican la diplomacia de Estados Unidos", titulaba un artículo el Washington Post el viernes. "La amenaza de salir de China", explicaba la historia, "sucede en el momento en el que Estados Unidos realiza un esfuerzo para lograr un acercamiento con el gigante asiático. Si Google decide salir, el delicado baile diplomático se podría complicar: la Administración Obama busca avanzar su agenda de derechos humanos, pero también necesita ayuda en las negociaciones sobre temas nucleares con Corea del Norte e Irán".

Días después de la denuncia de Google, la importancia del tema escaló cuando una treintena de compañías americanas denunciaron ataques similares: Yahoo!, Symantec, Dow, Northrop Grumman y Juniper Networks, entre varias más.

Inesperadamente la agenda diplomática entre China y Estados Unidos se hizo de un nuevo tema que pone en relieve la importancia de la información y cómo la controlan los Estados. Si durante las últimas décadas Occidente se ha preocupado por el respeto de los derechos humanos, la situación del Tíbet y la seguridad de sus inversiones, ahora se tendrá que preocupar también no sólo por el control que se ejerce sobre la red, pero lo que se orquesta en ella desde China.

El jueves, en la conferencia de prensa diaria del portavoz presidencial, Robert Gibbs dejó clara la postura de la Casa Blanca: "apoyamos la decisión de Google de dejar de censurar los resultados en las búsquedas en China. Nos preocupa cualquier acción que atente contra los derechos universales de un Internet libre".

Así, una disputa entre una compañía americana y el régimen de Beijing, súbitamente escala y se convierte en una disputa entre Estados Unidos y China. En la era de la información, "un ataque a Google se convierte en un ataque a la infraestructura vital" del país, escribió Misha Glenny en The Guardian. "Para Washington se trata de un tema crítico de seguridad".

Mañana, en uno de sus discursos más importantes a la fecha, Hillary Clinton esbozará la visión de Estados Unidos sobre la importancia de la libertad en Internet. Habrá que seguirlo de cerca, en él se podrá comenzar a perfilar una definición actualizada de la seguridad nacional y los intereses del Estado. En la era de Google.