viernes, 4 de junio de 2010

La reputación digital

Antulio Sánchez
Internet
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Milenio

La fuerte dependencia que un sector de la población mundial tiene hoy de las nuevas tecnologías corrobora que esos usuarios existen en función de dichas herramientas de comunicación, al grado que toda interacción personal está mediada por interfaces. Estamos encadenados colectivamente a los miles de hilos invisibles de la comunicación, que para algunos es parte del personal branding o gestión de la marca personal que los individuos van conformando a lo largo de sus interacciones diarias.

Como es característico, los consultores estadunidenses han creado un concepto de moda para renombrar algo que siempre ha existido: la gestión de la reputación. Desde tiempo atrás muchas personas saben que gestionarla es una condición necesaria para poder tener un mejor devenir o para conseguir un buen empleo.

En la Edad Media gestionar la reputación era un capital vital para todos aquellos que ofrecían sus servicios a los caballeros, quienes les garantizaban pertenecer o estar en el corazón de una posición social, económica y comercial, pero además su trabajo era el mejor medio para publicitarse y que más caballeros supieran de sus competencias. Pero era lo mismo que hacían quienes buscaban mecenazgos, era lo que efectuaban a su manera Da Vinci o Miguel Ángel para contar con los generosos apoyos de la clase pudiente. Así que administrar la reputación no tiene algo de novedoso.

Lo que ha cambiado ahora es que existe un inmenso canal para administrar o gestionar la reputación, que es internet y, sobre todo, las redes sociales. La moda de estar pegado al iPhone o a la Blackberry para enviar mensajes SMS, o de estar atento a lo que se acumula en Facebook y Twitter, es una manera en que la reputación se refleja. Y ésta no está dada por el número de seguidores, sino por lo que se dice y por las mismas huellas que se van dejando a lo largo de las interacciones en línea.

Pero algo de la cháchara del personal branding tiene razón. Estas sociedades de la perpetua vigilancia, de redes sociales que permiten a las personas dejar todo su pasado almacenado en las mismas, ya sea vía videos, fotos u opiniones, también las vuelve muy frágiles y vulnerables y es importante meditar sobre lo que se comunica o sube a los sitios, porque puede ser que desde ahora muchos usuarios jóvenes estén labrando su futuro éxito o su desgracia.